lunes, 26 de marzo de 2012

Recuerdos

Levantarte y ver que la habitación está del revés, levantar la cabeza de la mojada almohada resultante de una noche triste. Dispuesta a cambiar el rumbo de las cosas, te miras en el espejo y solo ves una falsa sonrisa que tras ella se asoma la lágrima que de verdad muestra como te sientes. ¿Por qué? Porque lo sabes todo de ella, sabes que le encantan las fresas y el plátano con chocolate caliente, que no le gusta que le toquen las orejas, ni la barriga, ni que la cojan, pero aún así siempre le daré un pequeño beso en la oreja para escucharla reñir. Que la cara más bonita que existirá siempre será la suya acabada de levantar, con esos ojos pequeños y la sonrisa; esa sonrisa que sea cuando sea te llena aunque hayan pasado semanas desde que no la veías. 
Escaparte para ir a verla era una de las mayores aventuras del día, querer cogerla y comértela de lo linda que es, la miras y sientes que ya, todo tiene sentido, que el día ha merecido la pena, que ya estás completa, porque ahí está, con su preciosa sonrisa, su fleco para detrás y su cigarro en la mano.
Subirte a una guagua con el estómago encogido y el corazón en la mano al darte cuenta que tienes que tocar el timbre, bajarte de la guagua, caminar un poco, bajar las escaleras y la cuesta, te entra un escalofrío al saber que ya estás en el portal, caminar dos ventanas más , tocar y que abra ella, rápido, darle un beso y que todo se calme, que todo ya sea como siempre ha sido.
Y , ¿qué pasa luego? Que te despiertas y recuerdas que eso ya no es así, que las cosas han cambiado, que nada es lo que era, que ni siquiera sus sentimientos son los mismos… Ahí es cuando miras la almohada y vuelves a verla mojada

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