Quiero hacer una entrada a dos de las personas más
importantes de mi vida. A dos amigas, a mis dos hermanas, a las que pase lo que
pase, te sacan una sonrisa y te hacen feliz porque no hay nadie que las pueda
igualar ni muchísimo menos superar.
Ellas son las que están ahí siempre, cuando ríes y cuando
lloras, las que aunque tengan mil planes más, los cambiarían todos por pasar
una tarde juntas. Contarnos todo, confiar como con nadie, ser una familia,
donde somos nosotras mismas. ¿Para qué aparentar? Si tienes a dos pedazos de
amigas que lo dan todo por verte reír y nunca llorar, y que si es un mal día,
no hay nada que no nos haga sonreír estando juntas. Podemos hablar de cualquier
tema, que en todo nos apoyaremos, ¿Si no estamos de acuerdo? No pasa nada, son
opiniones diferentes pero las tres igual de válidas.
Una amistad se basa en el apoyo, en la confianza, en el
respeto, en el cariño y en muchísimas cosas más. Cuando encuentras a esas
personas que van a estar toda la vida, lo sientes, sientes que nada las puede
separar, porque ya van 4 años juntas y serán muchos más; hasta el punto de en
un futuro coger un viejo y polvoriento álbum de recuerdos, sentarnos en un
sillón y comentar aquellos viejos tiempos donde éramos ingénuas, graciosas,
felices, achispadas, locas, rebeldes…
Lo que de verdad éramos, somos y seremos es tres buenas
amigas, de las que ya no quedan, tres amigas de verdad, tres compañeras de
clases, tres hermanas con las que contar.
Naiara Rivas, Patricia Pérez y Zuleyma Negrín
